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El Pueblo

Históricamente, Quintana del Castillo es un asentamiento muy antiguo ya que su primer origen puede remontarse con cierta probabilidad a la época imperial romana. Tras la invasión árabe, se fundó de nuevo en el siglo IX, en el marco de los primeros poblamientos de la reconquista, en este caso llevado a cabo en el 860 por el conde Gatón, hijo del rey Ramiro I de Asturias.

En la actualidad constituye un núcleo de población pequeño, de casas algo dispersas como es frecuente en estos lares, casi todas bastante cuidadas, y la mayoría construidas con piedra de pizarra, si bien hay otras más modernas o reformadas, con fachadas pintadas que ponen la nota de color en el caserío, todas de una o dos plantas a lo sumo.

Este tipo de construcción, unido al paisaje que nos rodea, hace recordar fácilmente los pueblos de Irlanda o Escocia a quien los conoce. Incluso, la propia sierra de Jistredo que ejerce de frontera natural de la comarca de Cepeda, con sus inmensas extensiones de brezales, siempre verdes, sus afloramientos aguzados de pizarras y cuarcitas, sus soledades sempiternas, y su clima neblinoso durante el otoño-invierno, podrían muy bien granjear el apelativo de “la pequeña escocia” a este rincón de nuestra geografía, ya que se asemeja tanto en la vegetación, la geología, el paisaje y el aspecto de sus casas tradicionales.

Lo que no tiene Quintana, a pesar de su nombre, es castillo. Lo tuvo, construido en torno al siglo XII o XIII, probablemente sobre un asentamiento más antiguo, pero cayó en desuso y fue desapareciendo con los siglos, si bien todavía quedaban abundantes restos a mediados del siglo XX. Lo único que perdura hoy es un túmulo de piedras desmoronadas sobre el otero rocoso en el que se construyó, y un misterioso pozo en la base de la desaparecida torre del homenaje, que según la leyenda histórica comunica con las explotaciones auríferas de “La Veguellina”, situadas a 2 Km y que fueron realizadas por los romanos, erosionando las colinas de forma parecida a Las Medulas del Bierzo, aunque de menor extensión y entidad que aquellas. Resulta interesante ascender por los bordes o por el interior de las profundas cárcavas de tierra intensamente roja excavadas en las laderas boscosas de castaños, robles y álamos blancos. Cierta empresa geominera considera factible que todavía se encuentren filones significativos de oro en la zona.

Quintana del Castillo es también, por tradición secular, la sede administrativa que rige otros once pequeños núcleos de población, distribuidos en una amplia demarcación, y cuenta con una farmacia, una panadería o tahona de elaboración propia, y un colmado o tienda de alimentación. Sus habitantes son gente trabajadora, inteligente, bien organizada, y por lo general bondadosa, dispuestos siempre a ayudar, y gozan de una envidiable calidad de vida.

Históricamente, Quintana del Castillo es un asentamiento muy antiguo ya que su primer origen puede remontarse con cierta probabilidad a la época imperial romana. Tras la invasión árabe, se fundó de nuevo en el siglo IX, en el marco de los primeros poblamientos de la reconquista, en este caso llevado a cabo en el 860 por el conde Gatón, hijo del rey Ramiro I de Asturias.

En la actualidad constituye un núcleo de población pequeño, de casas algo dispersas como es frecuente en estos lares, casi todas bastante cuidadas, y la mayoría construidas con piedra de pizarra, si bien hay otras más modernas o reformadas, con fachadas pintadas que ponen la nota de color en el caserío, todas de una o dos plantas a lo sumo.

Este tipo de construcción, unido al paisaje que nos rodea, hace recordar fácilmente los pueblos de Irlanda o Escocia a quien los conoce. Incluso, la propia sierra de Jistredo que ejerce de frontera natural de la comarca de Cepeda, con sus inmensas extensiones de brezales, siempre verdes, sus afloramientos aguzados de pizarras y cuarcitas, sus soledades sempiternas, y su clima neblinoso durante el otoño-invierno, podrían muy bien granjear el apelativo de “la pequeña escocia” a este rincón de nuestra geografía, ya que se asemeja tanto en la vegetación, la geología, el paisaje y el aspecto de sus casas tradicionales.

Lo que no tiene Quintana, a pesar de su nombre, es castillo. Lo tuvo, construido en torno al siglo XII o XIII, probablemente sobre un asentamiento más antiguo, pero cayó en desuso y fue desapareciendo con los siglos, si bien todavía quedaban abundantes restos a mediados del siglo XX. Lo único que perdura hoy es un túmulo de piedras desmoronadas sobre el otero rocoso en el que se construyó, y un misterioso pozo en la base de la desaparecida torre del homenaje, que según la leyenda histórica comunica con las explotaciones auríferas de “La Veguellina”, situadas a 2 Km y que fueron realizadas por los romanos, erosionando las colinas de forma parecida a Las Medulas del Bierzo, aunque de menor extensión y entidad que aquellas. Resulta interesante ascender por los bordes o por el interior de las profundas cárcavas de tierra intensamente roja excavadas en las laderas boscosas de castaños, robles y álamos blancos. Cierta empresa geominera considera factible que todavía se encuentren filones significativos de oro en la zona.

Quintana del Castillo es también, por tradición secular, la sede administrativa que rige otros once pequeños núcleos de población, distribuidos en una amplia demarcación, y cuenta con una farmacia, una panadería o tahona de elaboración propia, y un colmado o tienda de alimentación. Sus habitantes son gente trabajadora, inteligente, bien organizada, y por lo general bondadosa, dispuestos siempre a ayudar, y gozan de una envidiable calidad de vida.

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